La línia intermèdia

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La nit del passat 13 de setembre, van sortir a la llum unes piulades realitzades des del Twitter oficial del Partit Popular Català al Masnou, on es podia veureu una imatge que preguntava pel mètode més efectiu per fer entrar en raó al President Artur Mas, acompanyada d’objectes violents.

Tots estem d’acord que són unes paraules desafortunades. Més que això: constitueixen una amenaça al qui és President de la nostra Generalitat, ens agradi la seva gestió o no.

Jo no m’hauria de pronunciar al respecte, perquè això és competència d’uns òrgans dels qual no en tinc capacitat d’acció, ja que el PPC del Maresme tenim un President àmpliament qualificat per fer-se càrrec d’aquest afer, si no fos perquè una piulada idèntica va aparèixer des del Twitter de NNGG Masnou.

Com a cap comarcal de Noves Generacions al Maresme, no puc deixar que es cregui, ni per un segon, que algun membre d’aquesta organització ha pogut escriure tal bajanada. Més que ser companys, som amics, és per tal cosa que no m’ha fet falta ni parlar amb el President local de NNGG al Masnou, per saber del cert que ell no en te res a veure.

El compte “@NNGG_MASNOU”, és gestionat per la mateixa persona que gestiona el de “@PPCMASNOU”, amb la qual cosa, els tuïts es van publicar per duplicat, sense que ningú de nosaltres en fos conscient fins que les xarxes socials es van fer eco de la notícia.

No puc parlar més que per mi, quan afirmo que aquests fets no formen part de la ideologia que defenso dins del partit. Però sí que puc dir, que estic segur que el 99% dels meus companys pensen com jo, ja siguin de Noves Generacions o del Partit Popular.

El que ha succeït, és fàcil emmarcar-ho dins el procés polític que viu la nostra comunitat. Aquest procés, ha dut a un alt nivell de crispació a la població de la nostra terra, que realitza actuacions i pronuncia frases, que més tard lamenta.

Vinc d’una secció local del PPC, al municipi de Mataró, on tenim per norma condemnar qualsevol tipus de violència o falta de respecte cap a qualsevol partit o persona, sigui quina sigui la seva ideologia. Així, no hem posat mai cap inconvenient en criticar atacs a partits com la CUP, i hem seguit posant l’altra galta, quan aquest mateix partit ha anat als Mossos a demanar la posada en llibertat dels que ataquen les nostres seus.

Sincerament, espero que això serveixi de precedent perquè els que fins ara no han criticat mai els atacs al PP i al PPC, així com a altres partits que no són de la corda independentista, comencin a veure més enllà del seu propi nas.

Protestar contra… la LOMCE?

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Cuando un Gobierno quiere permanecer en el poder a toda costa, hay ciertos casos claves a seguir, según el fidedigno manual que nos proporciona la historia.

Crear un fuerte órgano propagandístico, buscar un “enemigo común” al que culpar de todo, monopolizar discursos, hacer alegorías públicas…

Todas estas premisas, se dan en Catalunya.

Tras ello, viene el echar el guante a la educación, pues controlar a los futuros ciudadanos del país es demasiado imprescindible, y difícilmente falla si se hace desde niños.

Hasta hace bien poco, no había ninguna queja al respecto, ya que aquí podían hacer con la educación lo que se les antojaba.

Lo que la LOMCE representa para ellos es una perdida de esas capacidades para seguir controlando el aprendizaje de los más pequeños.

Es igual cumplir la legalidad,

Es igual que sea justo equiparar castellano y catalán para formarles mejor,

No importa que se intente combatir el fracaso escolar que ha estado en auge en estos años de desgobierno,

Y mucho menos que se premie al que trabaja y se penalice al que vaguea.

Los 3.000 millones anuales que van a la basura por aquellos que abandonan la universidad, no es nada comparado con la posibilidad de mantener el control.

Los unos porque quieren robots, los otros porque quieren borregos.

Por mucho que intentes mantener una conversación con los defensores de estas imposiciones, sin que caigan en la ley Godwin, resulta tremendamente difícil, ya que siente un afán enfermizo por mencionar constantemente al franquismo o nazismo, e intentar vincularte con ellos.

Esto evoca un gracioso recuerdo, ya que, aparte de esteladas, bandera que no puede faltar en ninguna concentración anti sistema en Catalunya, en la manifestación del jueves pasado contra la LOMCE, en mi localidad se observaron banderas de la URSS.

Quizá  ese es el modelo educativo que desean, basado en el lavado de cerebro.

O quizá es que están maravillados de que la Unión Soviética asesinara a centenares de miles de personas.

También es posible que deseen esa distribución igualitaria de la miseria de la que hace gala el comunismo en todas las naciones que lo abrazan.

A mi, personalmente, no me apetece que me racionen hasta la cantidad de papel higiénico que puedo utilizar, como en la adorada Venezuela, porque eso no compensa ni creando 10 Ministerios para la Felicidad del Pueblo.

Ya no es que dude que ni el 10% de los que protesta se haya leído la ley, sino que dudo que sean siquiera el significado de las siglas LOMCE.

Ante esto, es el deber de todos, explicar que es lo que esperan la mayoría de españoles de una ley de Educación: igualdad y equidad de las lenguas, calidad en la enseñanza, dejar de estar a la cola de la UE, reparto justo de las becas (presupuesto que sube un 20%) a los que más las necesitan, …

La ley hecha por el Ministro Wert es, como todo, mejorable.

Pero es una ley necesaria en nuestro país, y que se dispone a sentar la base para el profundo cambio que necesita la Educación.

Así que si no es mucho pedir, por favor,  léansela amigos.

Lampedusa, el último fracaso de Europa

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Europa siempre ha sido un sueño.

Y no lo ha soñado por primera vez nuestra sociedad, sinó que ya lo hicieron antaño otras civilizaciones, desde el Sacro Imperio hasta Napoleón.

Hace unos decenios, intentamos plasmar ese sueño de manera pacífica. Esa era la novedad. Pero hace unos años que vamos con chascos continuos.

El de estas semanas no es más que el último.

Lampedusa, es una pequeña isla al Sur de Italia, de 5.000 habitantes, donde se calcula que, en las últimas semanas, han llegado una media de 300 inmigrantes por hora.

El dato adquiere relevancia cuando, desde 1999, suman desembarcadas en la isla 200.000 personas.

30.000 es un dato más importante. Es el número de personas que han muerto intentando alcanzar las costas europeas en busca de un futuro mejor, sumadas a las 300 de la pasada semana que tanta resonancia han tenido en el continente.

Es cierto que, desde las revueltas en los países árabes, estas situaciones se han intensificado, así como los conflictos permanentes en Mali  y la inestabilidad en Algeria, Eritrea o Siria, que producen miles de desplazados.

Ante la respuesta de la UE de imponer a estos países el papel de gendarmes, el Primer Ministro italiano, Enrico Letta, ha puesto un punto de sentido común al iniciar una operación militar-humanitaria para evitar el triangulo de la muerte.

En estos casos siempre salen a relucir las cifras: el número de refugiados y cuanto cuesta cada asilado, pero ser el continente más rico del mundo tendría que trasladarse en la obligación de dar esperanza y protección a los refugiados.

De todas formas, la costumbre de verlo a diario, hará que olvidemos estas tragedias, como ya estamos empezando a hacer.

Aquellos que llevamos años creyendo que el futuro está en una Unión más fuerte, nos damos cuenta día a día, que Europa, ni está fuertemente unida, ni es decidido y recto el camino por el cual avanza.

Aún así, no podemos dejar este ambicioso proyecto, y tenemos que seguir luchando para que sea una realidad que el futuro está en Europa.

Los retos de Lampedusa, son los retos de Europa y del mundo.

Soy un ciudadano español

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Cuando, en 1963, el Presidente John Fitzgerald Kennedy se plantó a los pies del muro de Berlín, no tenía claro el discurso que iba a pronunciar.

Aterrizado en Alemania, Kennedy pudo explorar la sociedad alemana (que tanto había cambiado desde que la visitó en el apogeo de Hitler) de manos de sus ciudadanos.

En ese momento, se le ocurrió como deseaba encaminar su discurso, y le pidió a su interprete que le trascribiera y enseñara a pronunciar en alemán “soy un ciudadano de Berlín”.

Como el mismo explicó, en la antigüedad no había mayor honor que el de decir “Civis Romanus Sum”. En ese momento, hallándose en Alemania el punto de inflexión para la libertad, el mayor honor era ser berlinés.

Hoy, aún sabiendo que no estoy a la altura, tomo las palabras del Presidente Kennedy, traduciéndolas a un contexto que, aunque no ha llegado, por el momento, a la situación sufrida en su día en Alemania, no dista mucho de llegar a la misma polarización de la sociedad.

Cuando llevar una bandera de tu país, es visto como una provocación, retrocedemos un paso.

Cuando las fuerzas políticas intentan aumentar la tensión ya existente, solo con fines partidistas, seguimos retrocediendo.

Cuando compatriotas se acusan entre ellos de fascistas, llegando al punto de que algunos se atacan mutuamente, hemos retrocedido del todo.

Esa es la situación que se vive en nuestras tierras.

El proceso está siendo más largo y menos repentino de lo que sucedió en Alemania, pero se avanza hacia el mismo resultado.

Puede que no tengamos un muro de piedra que divide la ciudad, pero tenemos un muro invisible que divide la sociedad.

Y ese muro es de un material más duro que la piedra, y no se puede demoler del mismo modo, ya que está construido con sentimientos: desapego, rencor, exclusión, y en algunos casos, odio.

Las soluciones para esto, no son ni fáciles, ni rápidas, ni van a agradar a todos. Pero si en algo estamos de acuerdo es que la solución debe llegar.

Ayer, celebramos el día de la fiesta Nacional de un país.

Y no solo fue un gran día por eso. Fue un gran día porque muchos perdieron el miedo a decir “soy un ciudadano español”.

Las Huelgas indecentes de la lengua

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Los conflictos lingüísticos se cotizan, en política, más de lo que lo hará twitter cuando salga a Bolsa.

El más llamativo de las últimas jornadas, lo situamos en las Islas Baleares.

Podríamos enfocar esta problemática desde diferentes puntos de vista, pero en todos coincidiría que hay un trasfondo político.

Hemos visto la cara más amarga de aquellos docentes que no ejercen por verdadera vocación, ya que han hecho detener el aprendizaje de muchos escolares.

Aquejados por la dramatización de este suceso, la pregunta inevitable es, ¿Quién pierde más, los alumnos sin profesores o los profesores a los que se remunera a través del los fondos de la “caja de resistencia”?

Caja, que también tiene su gracia, ya que, al florar el populismo, ciudades como en la que yo resido (Mataró), en Catalunya, con una deuda desorbitada que sigue en aumento, hace su aportación económica a este fondo.

Los intentos de Bauzá (que defiende la libertad frente a la inmersión), por llegar a acuerdos, han quedado en nada, ya que poco se puede negociar con quien se niega a escuchar.

Todo esto, con el apoyo de aquellos que inculcan el mito de los Països Catalans, que con sus ideales de imperialismo independentista (aunque luego llevan a sus hijos a escuelas privadas donde aprenden castellano, catalán e ingles), quieren ganar aquello que las urnas les negaron en Valencia y Baleares con las mayorías del PP.

Pero no solo de ellos. El mismo PSOE que en Catalunya apoya la autodeterminación, también se alía con los nacionalistas que en Baleares piden la exclusividad del catalán.

Obviando que ser profesor es estar, también, en un constante aprendizaje, es la falta de preparación lo que hace protestar a los docentes baleares. Porque equiparar en porcentajes las tres lenguas, es lo más justo para el alumnado.

De eso, ellos son conscientes. Pero han decidido escoger la vía fácil: la de protestar en vez de la de formarse.

Los que envían a sus hijos a las escuelas, no lo hacen para que allí se les enseñe qué tienen que pensar. Se les envía para que les den las herramientas necesarias para que ellos sepan pensar por si mismos.

Y querría pensar, que los valores que estos profesores trasmiten a sus alumnos, no son que si no te gusta una ley, has de protestar hasta que el otro cede. Me gustaría pensar que les enseñan a razonar, y saber dialogar.

Yo, he tenido la suerte de poder estudiar, en la escuela publica, tres idiomas. De esos tres, utilizo el catalán en más del 70%: con familia, amigos o universidad. Lo hago porque soy libre de elegir el idioma que uso, de la misma forma que quiero que pudiera seguir siendo así en el futuro, para nuestros pequeños. Sin imposiciones, que siempre son deplorables.

El problema no es Catalunya

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El problema, no es Cataluña. Ni los catalanes. Ni siquiera aquellos catalanes que son independentistas.

El problema, son los políticos. No todos los políticos, claro, se trata de un pequeño, aunque ruidoso número de ellos. Unos políticos, cuya ambición les ha llevado a producir una situación de tal crispación en el clima social que afecta hasta las relaciones entre familias. Y la mía no es una expectación.

Los temas de las comidas familiares los domingos ya no son de “lo mal que le van los neumáticos a Alonso” o sobre “aquella vecina viste tan hortera”. Ahora, mientras te llenas la copa, esperas, con curiosidad, a ver quien será el primero en hacer el comentario ingenioso que empiece el debate, un debate que no siempre acaba en final feliz.

Esto es producto, no de que en Catalunya haya independentistas, porque siempre los ha habido y la convivencia había sido buena, sino de esa clase de políticos que ven una mina de votos en forzar la conflictividad al máximo.

Yo, como toda persona, no soy imparcial, pero puedo valorar las dos posturas: en la de la Cataluña que, como gran motor económico que es, necesita mejor financiación; y en la España a la que empieza a hartar que el único discurso de la Generalitat sea “Espanya ens roba”.

En Catalunya tenemos infinidad de cosas buenas; una lengua, una cultura, una tierra y unas tradiciones maravillosas, pero actualmente también tenemos más de 900.000 parados y 50.000 niños mal nutridos, son dos de las peores.

Los Gobiernos tripartitos nos han arruinado, y el de Convergencia i Unió aún nos está endeudando mas.

El Gobierno que tendría que estar luchando para erradicar esas lacras de nuestra sociedad, está inmerso en el inerte debate de la independencia, dejando de lados a tantos miles de catalanes que cada día que pasa, les necesitan más.

El independentismo se puede considerar una moda en Catalunya. Muchos de ellos, faltos información, necesitan llenar su vació argumentativo, con radicalismos exaltados, cosa que es cada vez más frecuente.

Llevamos mucho dinero derrochado en campañas, meetings, cadenas e independencia en general, mientras estamos recortando de cosas menos tocables, como la sanidad, las personas con dependencia o la educación.

La exigencia que hacemos la mayoría de catalanes al Señor Mas, no es otra aparte de que gobierne para sacarnos de la crisis, y poder vivir en el Estado de Bienestar, que cada día se va hundiendo más.

La cordialitat, a judici

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Twitter sempre sorprèn, és una de les coses que el fa especial.

L’altre dia, la meva sorpresa va ser quan vaig veure unes acusacions de certs tuitaires, cap a un Diputat del PP de Catalunya, on quasibé era ja un còmplice del terrorisme.

Em va deixar la pell de gallina, ja que jo formo part del Partit Popular, precisament pels valors que defensem: valors d’unitat, de germanor, de democràcia, de pluralitat, … i de no cedir a terrorismes.

Imagineu, doncs, la meva sorpresa posterior: a la fotografia apareixia el Diputat Rafael Luna (que pot presumir de representar els valors del Partit Popular de Catalunya com el millor), en un posat amigable amb el portaveu de la CUP al Parlament de Catalunya, David Fernández. La pregunta immediata és: quin mal hi ha?

Hi ha gent, que té el gran defecte de veure la política com a una olla de grills, on constantment els nostres representants s’han d’estar esbatussant, sinó, no deuen dormir tranquils. A aquesta gent, també els deu saber greu el Pacte d’Estat al que ha arribat darrerament el Congrès, amb un 95% dels representants, en pluralitat, per reforçar a España davant d’Europa.

A tots ells, els desitjo que mai tinguin responsabilitats publiques, ja que si entre polítics no es saben escoltar, menys sabran escoltar a la ciutadania

Aquesta rancuniositat que tenen alguns (ja siguin d’esquerra o dreta), cap a tots els que pensen diferent a ells, és un dels factors que enfonsen l’esperit democràtic del nostre país. I és que, convergim o no amb les seves idees, aquells representants escollits pel poble de Catalunya mereixen, com a mínim, el respecte que aquesta responsabilitat concedeix.

El riure, però, ve desprès, quan els intento fer veure que no hi ha res de dolent en la cordialitat entre polítics de pols oposats. Reacció lògica i madurada? Aquí va: “pues tu afiliate a la CUP, que te pega más”.

Dons si, desprès del riure inicial, vé el pensar en que coi m’assemblo jo a la CUP. Sóc català, no indepentista. Sóc capitalista, no comunista. Per no parlar de les polítiques de totes perspectives! Ah, i si per casualitat he d’anar al Parlament, em poso camisa.

I tot i així, tinc amics que son de la CUP, amics amb els que rara vegada parlem de política (coi, volem seguir sent amics), que saben que pensem completament diferent, però que tenim una relació excel·lent.

No pot ser així al Parlament? De fet, no és això el que duem anys demanant als nostres polítics que facin? Així doncs, deixem de ser hipòcrites i deixem fer als polítics la feina per a la qual els hem escollit.